Categories Arte, Cine, Ensayo "ex-press", Lecturas

Los dos Davids

Quizás la cima del cine de este continente esté ocupada por un siamés engendrado por dos genios; David Lynch y David Cronenberg. En lo profundo ambos se regocijan en el desdoblamiento de la identidad. Uno a través de los laberintos de la mente; el otro sumergido en los fantasmas y proyecciones tecnológicas, por decir lo menos. El cultivo de atmósferas malsanas, personajes a punto de la locura con motivaciones siempre extrañas, diálogos densos, exigentes y con poco espacio a suposiciones aunque con una literalidad casi imposible -y un bagaje cultural que denota el peso de las letras de Borges a la literatura o de Bach a la música-, el trabajo de ambos directores representa un tesoro de nuestra contemporaneidad y es un medio de consulta obligatoria para los amantes del arte, pues, por otro lado, sus exigencias narrativas sesgan de forma importante su difusión y valoración, viven entre esa mala expresión que describe un rincón obscuro, a penas iluminado; el cine de culto, ahí junto a Bach o Borges (cada uno en su respectiva sección), seamos sinceros, el culto es, muchas veces, mera evocación.

Entiendo la Catarsis como un proceso de inmersión y purga que ocupa los canales que se han generado a través de la exposición de los sentidos a lo plástico (respecto a las artes). Es mediante esta exposición y análisis que se genera sensibilidad a las mismas. En la puesta en escena de la obra se viven sus vicisitudes y en su desenlace desechamos todo lo generado en la experiencia como si fuéramos expulsados a la superficie para ser espectadores -sí, ahora desde fuera-, esos momentos «dentro» es cuando todos los sentidos son excitados, La Luz de la belleza a pleno, el placer.

Esta experiencia onanista deja huella.

En el beso de Patricia Arquette a Robert Blake en Lost Highway, en medio del desierto, iluminados por las lámparas del auto, con la arena tibia, después de recorrer el propio infierno y al fin con la amada, representa la catarsis en sí mismo, es el beso tierno y esperado en esa intimidad seguido de un «jamas seré tuya» mientras desaparece como las arenas que flotan movidas por el viento, buena muestra de la «crueldad» de la belleza y de su a penas existencia.

Cronenberg desarrolla distintos objetos de placer, no le interesa el cotidiano y se opera, implanta, extiende o eyacula en ellos sin tocar al sexo. Hace de la tecnología una extensión del cuerpo, la carne es solo carne, y en su exigencia de purga es primordial abandonar el propio envase y dar rienda a nuestras entrañas. Mientras Lynch nos abandona a la interpretación en completa confusión de quiénes somos desde dentro para los demás, Cronenberg nos cuestiona quiénes seríamos CONSTRUIDOS para los demás, nos deja con el sabor y la duda. Su dirección no busca los caminos comunes bajo estándares de la industria del mainstream, el talento histriónico supone personas y personajes siempre auténticos con esa semilla rara per se.

Juan Acha u O. Paz hablaban de la perdida del mensaje primario una vez expuesta la obra, pues es en la interpretación de quien la ve donde vive el «verdadero significado». El poco sentido objetivo de las obras de ambos directores carece de relevancia. No saber a ciencia cierta cuál es el significado de Mullholland Dr. o entender la motivaciones de los personajes de Crash, no excluye de la experiencia catártica, en cierto sentido, el arte puro, ese que nos llega sin codificaciones esnobistas o pretenciosas, no requiere más que sensibilidad, también pura. Es en nuestras motivaciones de entenderlo todo que no entendemos, es difícil ponerle límites a la interpretación, es decir, no hay 27 duendecillos en La Biblia, ni Borges dejó las llaves para la biblioteca del Aleph. Sin embargo hay un sentir, mirarlo de frente y con la naturalidad de lo que somos, y no más, nos hace fusionarnos con la belleza, por un instante.


Recuerdo los domingos llegar a su casa, él me daba un poco de miedo, era grande e imponente, siempre claro. Se lo pedía y buscaba en su vitrina algún casete Beta o VHS de su colección películas grabadas de aquel épico y mítico canal 11 de hace 40 años. Me recostaba en el sillón y las veíamos juntos, no sé cuántas vimos, con el tiempo fui viéndolas yo solo aún es su recamara y ya después las veía en la sala en otra tele, hasta no ver más cine con él.

Amé a mi abuelo y enciende incienso en mis sueños.

Share

Your comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *