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Don’t Try

Comencé a leer a Bukowski por esas tres palabras; una contraída.

Tuve suerte al coger un libro en $10; «Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones», hasta donde sé fue la primera obra publicada en español con registro oficial en 1972. Creo que son un montón de fantasías llenas de argumentos, recuerdos muy opacos y alucinaciones, una obra orgullosa, vieja y marginal. Hermosa, brutalmente honesta, áspera, abyecta, con un ritmo hipnótico, casi toca, de soslayo, el morbo como camino, pero siempre termina en las solitarios calles de la razón. Algunos podrían decir «pornográfica». El cartero, La senda del perdedor, Escritos de un viejo indecente, Música de cañerías… leí a Bukowski muchos años, quizás resulte mejor dicho, lo consultaba.

En sus últimos años ofreció una entrevista donde se le preguntó a qué se refería con su famoso «Don’t try», contestó que era simplemente eso, «no intentarlo; hacerlo».

Definitivamente había destrozado la figura que yo tenía de él, después de regodearme en sus letras crapulentas, y después de recorrer cada renglón que apuntaba a la iluminación del fracaso, había destrozado su propio mito rebajando el contexto y las condiciones a una lucha que parecía no estar luchando. Y que sí, en cada letra, en cada trago, luchó.

En un plano muy extraño e imposible; si Bukowski no hubiera triunfado, creo que aquella frase resultaría divina.

Lo leí con el coraje de un adolescente cuando lo conocí.

Hoy más de 20 años después, lo entiendo, más de lo que quisiera. La vida es dura, hay que luchar.

F&Rfe



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